Bogotá nos recibió con un sol precioso y un viento fresco que hacía el clima perfecto para empezar a explorar. Aunque solo teníamos 48 horas, la capital colombiana nos regaló cultura, sabores deliciosos y una de las experiencias más impresionantes del viaje: la Catedral de Sal de Zipaquirá.
Pero antes de empezar… algo importante:
⏳ TIP VIAJERO IMPORTANTE:
En el Aeropuerto El Dorado tardamos más de una hora en pasar migración. Considera este tiempo para no retrasar tu itinerario.
Después de sobrevivir a esa fila eterna, llegamos al Hyatt Place Bogotá Convention Center, donde por suerte nos entregaron la habitación temprano. Un baño rápido y… ¡a explorar!
☕ Un desayuno tradicional para arrancar el día
Nuestra mañana comenzó en Pastelería Florida, un clásico bogotano que existe desde 1936 y que conserva ese aire cálido de cafetería tradicional. Desde que entras, te recibe una vitrina llena de postres perfectos, tartaletas brillantes y panes recién hechos que te atrapan de inmediato.
Pedimos el famoso tinto colombiano, ese café negro e intenso que te sirven directo de una jarrita metálica humeante. El aroma es profundo, tostado, delicioso. Perfecto para despertar el cuerpo después del vuelo.
Pero el protagonista del desayuno fue sin duda el tamal tolimense.
Ver cómo abren la hoja de plátano y sale el vapor con ese color amarillo intenso es toda una experiencia. Es suave, casero, lleno de sabor y muy distinto a cualquier tamal mexicano: lleva pollo, cerdo y masa bien especiada que se derrite en la boca.
Un desayuno auténtico, reconfortante y perfecto para empezar a sentir la esencia de Bogotá.




⛰️ Cerro Monserrate: la mejor vista de Bogotá
Visitar Monserrate es uno de esos planes que sí o sí tienes que hacer en Bogotá.
Desde abajo ya impresiona: la montaña se levanta imponente sobre la ciudad, y el recorrido empieza desde ahí, entre calles llenas de vida, buses verdes y el movimiento típico de la zona.
Subimos en teleférico, una cabina colorida que se eleva rápidamente mientras Bogotá se hace cada vez más pequeña. El momento en el que cruza la primera torre y ves aparecer la ciudad completa entre las nubes… simplemente te acelera el corazón.
Arriba, el clima estaba increíble: cielo azul, nubes marcadas y una luz perfecta para disfrutar la vista. Entre flores, caminos coloniales y ese letrero gigante de “BOGOTÁ”, el ambiente es alegre y muy fotogénico.
La panorámica es espectacular: desde lo alto ves toda la ciudad extendida como un mapa gigante, con miles de edificios, avenidas y montañas rodeándola. Es una de esas vistas que te hacen entender la magnitud de Bogotá.
Para bajar, tomamos el funicular, un pequeño tren inclinado que atraviesa la montaña en diagonal y te da una perspectiva totalmente distinta del cerro. Súper recomendado hacer uno para subir y otro para bajar — cada uno tiene su encanto.





🏙️ Paseo por el Centro Histórico: arte, historia y el corazón de Bogotá
Después de bajar de Monserrate, nos fuimos directo al centro histórico, una zona donde la ciudad cambia totalmente: de los edificios modernos y coloridos pasamos a calles coloniales, museos y plazas llenas de vida.
Nuestra primera parada fue el Museo del Oro, uno de los más importantes de Colombia. El edificio es moderno y minimalista, pero por dentro te sorprende con vitrinas llenas de piezas prehispánicas tan detalladas que parecen joyas. Es un viaje por la historia profunda del país.
A unas cuadras está el Museo Botero, un espacio precioso que reúne esculturas y pinturas del artista colombiano más reconocido. Ver sus figuras robustas en persona es otra experiencia: enormes, brillantes, llenas de personalidad. Cada sala te envuelve con color y volumen.
Mientras caía la tarde caminamos por La Candelaria, quizá la zona más pintoresca de Bogotá. Calles angostas, faroles coloniales, murales, estudiantes, artistas y ese ambiente bohemio que te hace sentir dentro de una película. La iglesia iluminada al fondo, con la montaña detrás, fue uno de los momentos más bonitos del día.
Para la cena nos fuimos por algo tradicional y reconfortante: una sopa caliente típica, con papa, hierbas y carne suave, perfecta para cerrar un día de caminata. Y antes de volver al hotel, probamos una bebida callejera muy típica, que preparan en un gran recipiente metálico con frutas, hiervitas y un chorrito de aguardiente. ¡Delicioso y muy local!
Un paseo que combina cultura, historia, arte y sabor — todo en pocas cuadras.







🌃 Noche en la Zona T y Andrés DC: donde Bogotá se enciende
Cerramos el día en la vibrante Zona T, la zona más fiestera y divertida de Bogotá. Entre luces de neón, terrazas llenas, música por todos lados y un ambiente joven que contagia, llegamos a uno de los lugares más famosos de Colombia: Andrés DC, la versión bogotana del mítico Andrés Carne de Res.
Desde que entras, sientes que el restaurante es un universo propio: colores, luces, decoraciones locas, corazones colgando, maderas talladas, objetos que no tendrían sentido en otro lugar pero que aquí encajan perfecto. El ambiente es alegre, ruidoso y llenísimo de energía.
La música subió, las luces cambiaron y el restaurante se convirtió en una fiesta. Gente bailando entre las mesas, risas por todos lados y esa energía colombiana que te hace sentir parte del lugar aunque sea tu primera vez.
Salir a caminar por la Zona T después de cenar fue la cereza del pastel: calles iluminadas, bares llenos, vitrinas coloridas y ese ambiente nocturno tan seguro y tan vivo que hace que quieras quedarte un rato más.
Una noche auténtica, divertida y súper recomendada si visitas Bogotá.




🧂 Catedral de Sal: una maravilla bajo tierra
La visita a la Catedral de Sal fue, sin duda, lo más impresionante de nuestro paso por Bogotá. Desde temprano nos recogieron para llevarnos rumbo a Zipaquirá, un trayecto donde poco a poco el paisaje urbano se convierte en un silencio verde que anuncia que estás a punto de vivir algo único. Al llegar, descendimos por los túneles de la antigua mina y, conforme avanzábamos, la luz natural desapareció para dar paso a un espectáculo subterráneo que combina historia, arte y espiritualidad.
Cada estación del Vía Crucis tallada directamente en la roca salina te envuelve con una mezcla increíble de colores —morados, verdes, azules intensos— que iluminan las texturas de las paredes como si la propia tierra respirara. Las cruces gigantes, las esculturas y la profundidad del lugar hacen que todo se sienta solemne, casi místico. Uno de mis momentos favoritos fue estar frente al nacimiento de tamaño real, perfectamente iluminado, donde el silencio se vuelve protagonista y te obliga a contemplar el lugar con calma.
Entre foto y foto, entre sorpresa y sorpresa, el recorrido avanza hasta llegar al corazón de la catedral, donde una cruz monumental te deja sin palabras. Es un sitio que te invita a detenerte, a absorber la energía del lugar y a disfrutar del contraste entre ese ambiente espiritual y la aventura de estar a 180 metros bajo tierra.
A la salida nos esperaba un toque muy colombiano: pasamos por La Catedral Llanera, donde compramos un asado espectacular. Como ya íbamos contra el reloj para llegar al aeropuerto, terminamos comiendo en la camioneta, brindando con cervezas frías y probando una carne tan suave y jugosa que todavía la recuerdo. Fue el cierre perfecto para una experiencia que mezcla cultura, fe, aventura y sabor en un solo día.








📌 Extra del Viaje: Para los Fans de Yo Soy Betty, la Fea
Si eres fan de Yo soy Betty, la Fea, esta parada te va a fascinar tanto como a nosotros. No formaba parte del itinerario principal, pero definitivamente es un highlight para cualquier amante de la novela.
La famosa casa azul donde vivía Beatriz Pinzón Solano sigue ahí, intacta en esencia y llena de nostalgia. La fachada azul cielo con detalles amarillos, la reja blanca y ese ambiente de barrio tranquilo te llevan directo a los capítulos de la novela. Hoy es una cafetería donde te puedes tomar un rico jugo de mora y en su interior han recreado varios espacios icónicos:
- La habitación de Betty, donde incluso puedes sentarte en su cama y tomarte una foto con el cuaderno (sí… ese cuaderno).
- La sala con decoración clásica al estilo del hogar de la familia Pinzón.
- El vestido de novia de Betty, perfectamente conservado.
Es un pequeño tesoro para fotos, recuerdos y fans empedernidos.
Justo enfrente está la Parroquia San Alfonso María de Ligorio, el escenario real donde se grabó la boda de Betty y Don Armando. Su fachada neogótica es espectacular. Es un contraste súper interesante entre historia, cultura pop y vida cotidiana bogotana.







🙋🏻♀️ ¿Te gustó este recorrido?
Bogotá nos recibió con esa mezcla perfecta de historia, sabor, naturaleza y calidez humana. En solo dos días descubrimos una ciudad vibrante, llena de contrastes. Si estás planeando visitarla, prepárate para comer delicioso, respirar aire de montaña, maravillarte con su cultura y, sobre todo, vivir experiencias que se quedan para siempre.
Bogotá no solo se conoce… se siente.
Muy pronto publicaré las entradas de Buenos Aires, Mendoza y Bariloche, así que no olvides seguir el blog para más aventuras.
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