Un fin de semana en Puerto Vallarta resumido en recuerdos!!!🌊🏝️

2–3 minutos

Ballenas, spa, teppanyaki y Super Bowl frente al mar

Hay fines de semana que parecen tener su propio ritmo. Puerto Vallarta fue uno de esos. Fue solo un escape de tres días, pero lo viví como si el tiempo se detuviera entre el mar, la naturaleza y pequeños grandes momentos.

Me hospedé en el Hotel Dreams Vallarta, un todo incluido que hizo honor a su nombre. Desde la vista al océano hasta el trato del staff, todo invitaba a desconectarse. Una de las amenidades que más disfruté fue un tratamiento de spa que me ayudó a soltar todo el estrés acumulado. Nada como un masaje y el sonido del mar para recordarte que el descanso también es parte del viaje.

El día más emocionante empezó antes del amanecer, a las 7 de la mañana, cuando zarpamos en busca de ballenas. El capitán del barco nos explicó que era cuestión de paciencia y de saber observar. No era solo “ir a verlas”, era esperar el momento en que la naturaleza decidiera regalárnoslas.

Durante un buen rato el mar parecía quieto… hasta que, de pronto, una ballena emergió, fue un instante breve pero cargado de emoción. Vimos cómo aleteaba otra de ellas, levantando espuma con fuerza, como si nos saludara desde las profundidades. Tuvimos la fortuna de ver también un banco de delfines los cuales nadaban acompañando otra mas. Ver a estos gigantes del mar, fue simplemente inolvidable.

Por las tardes, caminaba por el malecón. Esculturas, arte, música, gente feliz… y el atardecer más impresionante que he visto en mucho tiempo. Uno de esos que te hacen detenerte y agradecer.

Y como buena amante de la comida, no podía faltar una cena especial: en el restaurante mexicano del hotel probé una salsa que todavía sueño. También viví una experiencia divertida en una cena de teppanyaki, donde además de buena comida, el show fue parte del encanto.

¿La cereza del pastel? Ver el Super Bowl frente al mar, copa en mano, con el sonido de las olas de fondo. Fue una combinación surreal: fútbol americano, brisa marina y una vibra relajada como pocas veces he sentido.

Puerto Vallarta fue eso: un pequeño respiro que me reconectó conmigo misma. Porque a veces, solo necesitas un fin de semana para sanar el alma.

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